La exhibición de fotografías de Virgilio Piñera, salidas del lente de Chinolope y que durante todo el pasado mes estuvo en la galería Raúl Martínez del Palacio del Segundo Cabo, parece venir a poner el sello definitivo, incambiable, de un Virgilio sentado en 18 repeticiones sobre su sillón, como un Cristo pegado a su cruz.
Iris Cepero | La Habana (La Jiribilla, 2002)
“Soy hombre de pocas palabras y todos mis esfuerzos en la vida van encaminados a la mudez perpetua.Hay cosas que terminan por obra y arte, tanto que perdemos el hilo...No se puede vivir encogido todo el tiempo...nunca como ahora un hombre se parecía menos a otro hombre; la comunicación resultaba tan precaria que cada vez más las palabras querían decir menos y ya se notaba el temor de unos y otros a aventurarse en los abismos de una conversación.”.
Virgilio Piñera
No puedo imaginarlo de otra manera. Siempre así, flaco, de nariz fina, pelo negro y lacio, con esa expresión de burla e ironía en la mirada; y siempre, eso también, definitivamente sentado en un sillón, con las piernas cruzadas, como si el sillón fuera parte de su cuerpo u otra prenda inseparable del atuendo. Y si no está el sillón y el poeta aparece sentado de manera distinta, mis ojos despejan cualquier otro mueble y aparece como siempre, ensillonado, ajeno y a la vez atento a las voces, o como burlándose de ellas, con un signo de estar más allá de todo, incluso de su sillón.
Es por esto que la exhibición de fotografías de Virgilio Piñera, (Matanzas 1912- La Habana 1979) salidas del lente de Chinolope y que durante todo el pasado mes estuvo en la galería Raúl Martínez del Palacio del Segundo Cabo, parece venir a poner el sello definitivo, incambiable de un Virgilio sentado en 18 repeticiones sobre su sillón, como un Cristo pegado a su cruz.
Los ojos de Chinolope (Guillermo Fernando López Junqué, La Habana, 1932) en la figura del dramaturgo cubano en los años 60 forman parte de la obsesión y la suerte de este fotógrafo, empeñado en las imágenes más conocidas de Lezama, Cortázar, de Roque Dalton, Alicia Alonso, Wifredo Lam.
Chinolope, acostumbrado a recoger el testimonio gráfico de las más grandes figuras, esta vez también expone en el catálogo de la muestra, las palabras que Luisa Piñera, hermana de Virgilio, le regalara en 1993. Es así que una vez más asistimos al recuento de los primeros años de un Virgilio debutante en el mundo del arte, anticipando el despliegue que apenas una década después, en los 40, lo mostraría como uno de los más grandes intelectuales cubanos.
De los veinte años vividos en Camagüey, recuerda Luisa: "En mi casa se celebraban un sábado sí y otro no, reuniones donde venían los profesores de la Escuela Normal, algunos del Instituto, escritores y periodistas. El sábado que no había reunión montábamos obras teatrales, nada del otro mundo, pero algunas se ponían. Virgilio actuaba, otras veces dirigía..."
Al clausurar la muestra esta semana en el Palacio del Segundo Cabo en La Habana, Chinolope comentaba que "Explicar es reducir. ¿Es posible que no haya palabras para explicar algo? ¿Quiénes fueron los primeros en alejarse de la palabra para acercarse a la imagen como simple significado? ¡Los chinos!... Piñera Virgilio no tiene por qué soñar más: debe observar. Tengo la convicción de que su obra es una extracción...una influencia en la literatura nacional y universal. Hay frases interminables en la vida que develan lo que realmente sentimos y pensamos...Cuando nos miran a los ojos...la máscara como persona nos descubrirá de qué está hecha su propia mirada, de relación de relación, de relación de relación, y así sucesivamente lo aclara y confirma".
El Virgilio que el fotógrafo devela en Presión y Diamante, se nos muestra diverso y a la vez único, en un experimento perceptual que crea la sensación y a la vez la duda entre el estatismo de la fotografía y el movimiento del cine, como comentara a La Jiribilla Nelson Ramírez, curador de la exposición. Virgilio Piñera salido de la cámara de Chinolope, detenido y a la vez en movimiento, como escapando del retrato, atrapado en uno los muchos momentos del poeta.
domingo, 21 de junio de 2009
jueves, 1 de enero de 2009
El Jardín
Un jardín me ha construido el sueño
para que en él yo sueñe la realidad;
allí los muertos, los vivos, los ausentes
conversan entre sí animadamente:
a mi difunta madre yo le he oído
quejarse de las frutas del mal año,
y decirle a mi padre que yo soy
un niño destrerrado de su amor.
De pronto ha aparecido Robespierre
sentado en su carreta del patíbulo
vendiendo una cabeza con gusanos
mientras grita: !Manzanas coloradas!
Mi padre pide una, y él le dice:
¿Cuál prefieres? ¿La de Dantón?
¿?La de María Antonieta?
Pero mi madre, viendo una cabeza
en donde por las cuencas de los ojos
asomaban dos uvas temblorosas,
la eligió, y Robespierre le dijo:
Es para mi un honor que usted me coma.
Lo que leí en los inciertos libros
ahora lo veo señaladamente:
Nerval se va a ahorcar en la Vieille Lanterne,
Zenea se dispone a ser fusilado,
Casal en su hemoptisis se consume,
y en Dos Ríos Martí la patria funda.
De Henry James los niños misteriosos
se acercan a su aya desencarnada
para confiarle que ellos están viendo
un hombre vivo en lo alto de la torre.
Sonriendo ella asiente y pone un dedo
sonbre sus labios como diciéndoles:
Todoe s posible en el reino de la muerte.
Aún no salido de mi asombro escucho
de Carlos Marx la voz tronitonante:
Aunque quieras los ángeles no existen.
Vas caminando por una estrella calle,
o por el ancho mar o el aire surcas
y no hay ángeles que choquen con tu vista;
sólo hay seres humanos y animales
que mueven como pueden su existencia.
Tu pensamiento debes concentrar en ellos,
en una esquina abandonar la fantasía,
dejarla ciega, que se estrelle sola,
y tú decir con convicción profunda:
Somos materialistas convencidos.
Ya no tienen cabida en este mundo
las locas invenciones de la mente,
las gorgonas se han ido para siempre,
en los océanos no hay buques fantasmas,
y aquel que caminó sobre las aguas
se ha perdido en el lago de los Quantas.
En el teatro de los idealistas,
Hegel (si lo pudieras ver), menos que ambiguo
está, olímpico, detrás de la cortina,
sentado entre la tesis y antítesis.
Ni hay público para escuchar su verbo:
toda la fenomenología del espíritu
es un sólido bloque de materia
contra el que la mónadas se estrellan.
Tú estás aquí, ene ste jardín,
estás bien muerto y, sin embargo,
oigo tu voz hablando de materia.
Y Marx contesta: No soy yo el que te habla,
eres tu el que sueña.
Estás vivo y estás soñando
que yo te hablo de la materia,
de la que tu sueño es una parte.
Dime, le imploro, ¿el que está muerto
en su hoyo es mecido por el sueño?
Yo he muerto, dice Marx, y tú aún eres
materia viviente. Hablo por tu mente,
y en nada soy mecido, al menos que tú digas
que yo me estoy meciendo.
Desde un púlpito con blancos espectrales
la voz de un sacerdote cae helada:
Los designios de Dios son insondables,
y aunque las naves viajen a la Luna
en tierra nos quedamos con el tiempo.
Sólo el espíritu puede redimirnos
de tal arena aciaga, y esta envoltura corporal
convertida en gusanos, y que surja
la eternidad empapándose en la Muerte.
Muy lindas tus palabras -dice Marx-,
pero las naves viajan a la Luna,
y en tú cabeza tus ángeles vuelan
como las moscas sobrfe el cadáver.
Enseña a tu rebaño que el poema,
en las casas mentales, siempre ocupa
un lugar irrisorio, y diles
que vivimos en un mundo
donde soñar es como estar ya muertos.
1965
Tomado de La vida entera (1969)
para que en él yo sueñe la realidad;
allí los muertos, los vivos, los ausentes
conversan entre sí animadamente:
a mi difunta madre yo le he oído
quejarse de las frutas del mal año,
y decirle a mi padre que yo soy
un niño destrerrado de su amor.
De pronto ha aparecido Robespierre
sentado en su carreta del patíbulo
vendiendo una cabeza con gusanos
mientras grita: !Manzanas coloradas!
Mi padre pide una, y él le dice:
¿Cuál prefieres? ¿La de Dantón?
¿?La de María Antonieta?
Pero mi madre, viendo una cabeza
en donde por las cuencas de los ojos
asomaban dos uvas temblorosas,
la eligió, y Robespierre le dijo:
Es para mi un honor que usted me coma.
Lo que leí en los inciertos libros
ahora lo veo señaladamente:
Nerval se va a ahorcar en la Vieille Lanterne,
Zenea se dispone a ser fusilado,
Casal en su hemoptisis se consume,
y en Dos Ríos Martí la patria funda.
De Henry James los niños misteriosos
se acercan a su aya desencarnada
para confiarle que ellos están viendo
un hombre vivo en lo alto de la torre.
Sonriendo ella asiente y pone un dedo
sonbre sus labios como diciéndoles:
Todoe s posible en el reino de la muerte.
Aún no salido de mi asombro escucho
de Carlos Marx la voz tronitonante:
Aunque quieras los ángeles no existen.
Vas caminando por una estrella calle,
o por el ancho mar o el aire surcas
y no hay ángeles que choquen con tu vista;
sólo hay seres humanos y animales
que mueven como pueden su existencia.
Tu pensamiento debes concentrar en ellos,
en una esquina abandonar la fantasía,
dejarla ciega, que se estrelle sola,
y tú decir con convicción profunda:
Somos materialistas convencidos.
Ya no tienen cabida en este mundo
las locas invenciones de la mente,
las gorgonas se han ido para siempre,
en los océanos no hay buques fantasmas,
y aquel que caminó sobre las aguas
se ha perdido en el lago de los Quantas.
En el teatro de los idealistas,
Hegel (si lo pudieras ver), menos que ambiguo
está, olímpico, detrás de la cortina,
sentado entre la tesis y antítesis.
Ni hay público para escuchar su verbo:
toda la fenomenología del espíritu
es un sólido bloque de materia
contra el que la mónadas se estrellan.
Tú estás aquí, ene ste jardín,
estás bien muerto y, sin embargo,
oigo tu voz hablando de materia.
Y Marx contesta: No soy yo el que te habla,
eres tu el que sueña.
Estás vivo y estás soñando
que yo te hablo de la materia,
de la que tu sueño es una parte.
Dime, le imploro, ¿el que está muerto
en su hoyo es mecido por el sueño?
Yo he muerto, dice Marx, y tú aún eres
materia viviente. Hablo por tu mente,
y en nada soy mecido, al menos que tú digas
que yo me estoy meciendo.
Desde un púlpito con blancos espectrales
la voz de un sacerdote cae helada:
Los designios de Dios son insondables,
y aunque las naves viajen a la Luna
en tierra nos quedamos con el tiempo.
Sólo el espíritu puede redimirnos
de tal arena aciaga, y esta envoltura corporal
convertida en gusanos, y que surja
la eternidad empapándose en la Muerte.
Muy lindas tus palabras -dice Marx-,
pero las naves viajan a la Luna,
y en tú cabeza tus ángeles vuelan
como las moscas sobrfe el cadáver.
Enseña a tu rebaño que el poema,
en las casas mentales, siempre ocupa
un lugar irrisorio, y diles
que vivimos en un mundo
donde soñar es como estar ya muertos.
1965
Tomado de La vida entera (1969)
domingo, 21 de diciembre de 2008
viernes, 19 de diciembre de 2008
Cátedra se acuerda de mi
sábado, 8 de noviembre de 2008
Dos poetas, dos poemas, dos modos de poesía
En Espuela de Plata, La Habana, Agosto, 1941.
Los poetas son José Lezama Lima; Emilio Ballagas. Los poemas: Muerte de Narciso y Elegía sin nombre...
... Ballagas provoca el cuerpo emocional dentro de la atmósfera patética que presenta el tema del amor y el de la muerte aflictiva, congojosamente. Ya queda dicho en otra parte que toda su obra es un responso perpetuo; "una oscura mitad que se acostumbra"...con su circunstancia. (17)
Nunca será bastante afirmar que Ballagas dispone sus palabras en un horizonte que no es el de la imagen como cuerpo sensible que impresione toda la vida del poema; en su poesía la imagen funciona aisladamente: precioso auxiliar cuya misión es ventilar su enrarecido mundo patético: "es una gran tristeza de rfemos mutilados, de carbón y cenizas sobre alas derrotadas"... cierra así una gran claúsula patética de su Elegía. (17-18).
Mientras, Ballagas que sabe sutilmente del peligro de lo idéntico, ha intentado abrir "las valvas de una concha amorosa que defiende su misterio, su carne, su secreto"... para ventilar con otras misteriosas, secretas palabras su enrarecido mundo patético. Después de Nocturno y Elegía -cristalización y saturación de su poesía- escribe Nocturno (su último poema) que inicia la apertura de las cerradas valvas. Allí (...) para probar hasta qué punto el problema de la redención, de la reovación inquieta al poeta se emplean sustantivos de nueva factura: paraguas, esqueletos, ice-bergs, murciélagos, silla rota, todos ellos contenidos en el breve espacio de treinta y seis versos. Nuevos motivos, nuevos temas; cierto ocultamiento del posesivo individual son preciosas señales de segura vena parfa el definitivo destino de su poesía (19).
Los poetas son José Lezama Lima; Emilio Ballagas. Los poemas: Muerte de Narciso y Elegía sin nombre...
... Ballagas provoca el cuerpo emocional dentro de la atmósfera patética que presenta el tema del amor y el de la muerte aflictiva, congojosamente. Ya queda dicho en otra parte que toda su obra es un responso perpetuo; "una oscura mitad que se acostumbra"...con su circunstancia. (17)
Nunca será bastante afirmar que Ballagas dispone sus palabras en un horizonte que no es el de la imagen como cuerpo sensible que impresione toda la vida del poema; en su poesía la imagen funciona aisladamente: precioso auxiliar cuya misión es ventilar su enrarecido mundo patético: "es una gran tristeza de rfemos mutilados, de carbón y cenizas sobre alas derrotadas"... cierra así una gran claúsula patética de su Elegía. (17-18).
Mientras, Ballagas que sabe sutilmente del peligro de lo idéntico, ha intentado abrir "las valvas de una concha amorosa que defiende su misterio, su carne, su secreto"... para ventilar con otras misteriosas, secretas palabras su enrarecido mundo patético. Después de Nocturno y Elegía -cristalización y saturación de su poesía- escribe Nocturno (su último poema) que inicia la apertura de las cerradas valvas. Allí (...) para probar hasta qué punto el problema de la redención, de la reovación inquieta al poeta se emplean sustantivos de nueva factura: paraguas, esqueletos, ice-bergs, murciélagos, silla rota, todos ellos contenidos en el breve espacio de treinta y seis versos. Nuevos motivos, nuevos temas; cierto ocultamiento del posesivo individual son preciosas señales de segura vena parfa el definitivo destino de su poesía (19).
domingo, 21 de septiembre de 2008
Qué tiempos aquellos
Los Gómez, qué hubiese sido de mi en los 70s sin aquel refugio. Gracias Eliécer Pérez Angueira por este documental.
viernes, 8 de agosto de 2008
Electra Garrigó a escena
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