sábado, 1 de agosto de 2009

Gracias Abilio.

Fragmento de la entrevista titulada El navegante despierto realizada por Luis Manuel García para la revista Encuentro de la Cultura Cubana, 51/52, Invierno/Primavera, 2009.


(...)
Tu cercanía a Virgilio Piñera, cuyos últimos años tú compartiste cuando eras muy joven, ha inducido a algunos críticos a confundir biografía y estilo, atribuyéndole un carácter piñeriano a tu obra. Yo sólo descubro rastros de esa negatividad piñeriana en algunas zonas de Los palacios distantes y en tus tres Ceremonias para actores desesperados, desoladas como un paisaje de ruinas sin el empaque nobiliario de los siglos. ¿Cuál es la principal huella de Virgilio en ti? ¿La ética del ejercicio literario antes que sus fórmulas?


Estoy de acuerdo, yo mismo no descubro en mí esa “descarnada negación piñeriana”. Hay muchos escritores cubanos, más jóvenes que yo y que, por tanto, no conocieron a Virgilio, que son, sin embargo, más “piñerianos”, como tú dices. La cercanía personal del escritor acaso no determina el “cómo se escribe”. Cada uno ha tenido una vida diferente y, por tanto, una manera diferente de ver o entender lo que sucede a su alrededor. Es decir, que puede que se trate (no lo sé) de que los señores que intentan escribirse, en uno y otro caso, son diferentes, como diferentes fueron las suertes o las desventuras que cada uno debió enfrentar. Detrás de cada escritor hay algo invisible. Y puede que ese “algo invisible” sea lo que determina. Esto lo dice muy bien Philip Roth en una famosa entrevista. Yo nunca me he propuesto escribir al “modo de Virgilio”, simplemente porque no sé, porque, como es natural, yo no escribo como quiero, sino como puedo. Lo que sí estoy en condiciones de afirmar es que cuando conocí a Virgilio en 1975 (yo acababa de cumplir 21 años) comencé a entender de otro modo la literatura. Ya estaba en la universidad, pero mi verdadera universidad fue Virgilio. Con esa mezcla de seriedad e ironía que lo caracterizaba, él hablaba de “sacerdocio”. Pues bien, no está mal entenderlo así, con la debida seriedad e ironía que se le debe conceder a la palabra. Como metáfora puede que sea útil. Era imposible no dejar de sentirse impresionado por la ética de ese señor tan extraordinario que fue Virgilio Piñera. Esa tozudez ética del desenmascaramiento permanente. Un hombre tan aparentemente vulnerable y que resultó de acero. Admirable. Y hay algo más (y sé que estoy en la obligación de contar todo esto algún día), nunca he conocido a nadie que viviera, como él, en la literatura.A su lado, todo se convertía en literatura, todo alcanzaba una dimensión diferente, que nada tenía de cotidiana. Con él no llegábamos a la casa-quinta de los Ibáñez-Gómez, de Yoni Ibáñez, en Mantilla: con él llegábamos a la Ciudad Celeste. Y no éramos un grupo de personas que conversábamos y leíamos, sino que éramos, al modo de Proust, un cogollito. Y así fue siempre. Cuando, desgraciadamente, se acabaron, o la policía hizo que se acabaran las tertulias de los Ibáñez, y nos veíamos a escondidas en una rara casa de la calle Galiano y San Miguel, éramos los personajes de una novela policial, lo cual no estaba, dicho sea de paso, muy lejos de la verdad.Hasta lo terrible de tener que salir de aquella casa a horas distintas y, si nos encontrábamos en la parada de la guagua, fingir que no nos conocíamos, era como vivir en un libro. Insisto: esa propensión natural a convertirlo todo en maravilla, en fábula, en mito. Era un mayeuta. Y si algo se aprendía al lado de Virgilio era a observar y a tener fe. Fe en la literatura, como se comprenderá. En un libro de Félix de Azúa que leo y releo con mucho gusto, se ha contado la fábula del judío que en el tren, camino de los campos de concentración, se asomaba por una ventanita del techo, una claraboya, y contaba a los demás cuanto iba viendo, cómo eran los paisajes que veía. Pues bien, ese era Virgilio para nosotros: el que se asomaba por la claraboya de aquel tren cerrado y nos contaba el paisaje que veía.

lunes, 22 de junio de 2009

La carne de Piñera

Por Silvina Friera (con algunas anotaciones mías intercaladas)

Damián Tabarovsky plantea que si tuviera que optar por un escritor, el elegido sería Virgilio Piñera, “el último discípulo de la revista Orígenes, que dirigía Lezama Lima, pero al mismo tiempo rival, porque pertenecía a otra estética”, advierte. (el último no querido, el último fue Lorenzo que también se reveló y que ha rendido más que yo) “Piñera participó de la traducción de Ferdydurke, de Witold Gombrowicz, una traducción de un escritor polaco al español, hecha por un cubano, y esta traducción marca un momento cultural interesantísimo: un polaco que leía su libro en voz alta y lo iba traduciendo al español, pero como hablaba bastante mal, Piñera y Adolfo Fernández de Obieta (el hijo de Macedonio Fernández) interpretaban lo que él decía y lo redactaban en un español bastante extraño porque había un cubano y un argentino. (sólo anotar que yo era el director del equipo de traducción, escogido por el propio Witold que sabía en qué andaba) Pero (Ernesto) Sabato rápidamente se encargó de retirar esa traducción de la venta, contrató un traductor que supiera polaco y le quitó esa radicalidad que tenía la traducción original, porque no estaban traduciendo sólo literatura sino cultura”. Su entusiasmo por la figura de Piñera se prolonga mucho más allá de esta experimentación radical con la traducción de la novela de Gombrowicz. “Piñera escribió un artículo extraordinario sobre la literatura argentina, particularmente sobre Borges, al que llama un autor ‘tantálico’, en el sentido de que en un día de gran calor, te muestra un poco de agua y no te la da –compara Tabarovsky–. Es el primer artículo crítico contra Borges, pero no desde una posición ideológica como se estilaba en esa época. A Piñera no le importaba si Borges era de derecha, sino que planteó una crítica interna a los textos de Borges”. (eso es mucha verdad y nadie nunca lo había reconocido antes, gracias) “Es curioso, porque al mismo tiempo que fue un escritor consagrado, sigue siendo un autor no tan presente, no sé si usaría la expresión de ‘culto’, pero lo cierto es que no tiene la presencia de un Lezama Lima, sin ser menor que él. Toda esa generación de las revistas Ciclón y Orígenes, básicamente, para mí es cumbre en la literatura latinoamericana”, afirma el escritor y editor de Interzona. (Orígenes y Ciclón junto con Sur eran las tres mejores revista de la lengua española en su tiempo. Yo estuve en las tres).


Aparecido en Página 12 (sin mis notas , claro)
Jueves, 8 de Febrero de 2007
Sescción Cultura y Espectáculos

domingo, 21 de junio de 2009

Siempre Virgilio

La exhibición de fotografías de Virgilio Piñera, salidas del lente de Chinolope y que durante todo el pasado mes estuvo en la galería Raúl Martínez del Palacio del Segundo Cabo, parece venir a poner el sello definitivo, incambiable, de un Virgilio sentado en 18 repeticiones sobre su sillón, como un Cristo pegado a su cruz.

Iris Cepero | La Habana (La Jiribilla, 2002)

“Soy hombre de pocas palabras y todos mis esfuerzos en la vida van encaminados a la mudez perpetua.Hay cosas que terminan por obra y arte, tanto que perdemos el hilo...No se puede vivir encogido todo el tiempo...nunca como ahora un hombre se parecía menos a otro hombre; la comunicación resultaba tan precaria que cada vez más las palabras querían decir menos y ya se notaba el temor de unos y otros a aventurarse en los abismos de una conversación.”.

Virgilio Piñera

No puedo imaginarlo de otra manera. Siempre así, flaco, de nariz fina, pelo negro y lacio, con esa expresión de burla e ironía en la mirada; y siempre, eso también, definitivamente sentado en un sillón, con las piernas cruzadas, como si el sillón fuera parte de su cuerpo u otra prenda inseparable del atuendo. Y si no está el sillón y el poeta aparece sentado de manera distinta, mis ojos despejan cualquier otro mueble y aparece como siempre, ensillonado, ajeno y a la vez atento a las voces, o como burlándose de ellas, con un signo de estar más allá de todo, incluso de su sillón.

Es por esto que la exhibición de fotografías de Virgilio Piñera, (Matanzas 1912- La Habana 1979) salidas del lente de Chinolope y que durante todo el pasado mes estuvo en la galería Raúl Martínez del Palacio del Segundo Cabo, parece venir a poner el sello definitivo, incambiable de un Virgilio sentado en 18 repeticiones sobre su sillón, como un Cristo pegado a su cruz.


Los ojos de Chinolope (Guillermo Fernando López Junqué, La Habana, 1932) en la figura del dramaturgo cubano en los años 60 forman parte de la obsesión y la suerte de este fotógrafo, empeñado en las imágenes más conocidas de Lezama, Cortázar, de Roque Dalton, Alicia Alonso, Wifredo Lam.

Chinolope, acostumbrado a recoger el testimonio gráfico de las más grandes figuras, esta vez también expone en el catálogo de la muestra, las palabras que Luisa Piñera, hermana de Virgilio, le regalara en 1993. Es así que una vez más asistimos al recuento de los primeros años de un Virgilio debutante en el mundo del arte, anticipando el despliegue que apenas una década después, en los 40, lo mostraría como uno de los más grandes intelectuales cubanos.

De los veinte años vividos en Camagüey, recuerda Luisa: "En mi casa se celebraban un sábado sí y otro no, reuniones donde venían los profesores de la Escuela Normal, algunos del Instituto, escritores y periodistas. El sábado que no había reunión montábamos obras teatrales, nada del otro mundo, pero algunas se ponían. Virgilio actuaba, otras veces dirigía..."

Al clausurar la muestra esta semana en el Palacio del Segundo Cabo en La Habana, Chinolope comentaba que "Explicar es reducir. ¿Es posible que no haya palabras para explicar algo? ¿Quiénes fueron los primeros en alejarse de la palabra para acercarse a la imagen como simple significado? ¡Los chinos!... Piñera Virgilio no tiene por qué soñar más: debe observar. Tengo la convicción de que su obra es una extracción...una influencia en la literatura nacional y universal. Hay frases interminables en la vida que develan lo que realmente sentimos y pensamos...Cuando nos miran a los ojos...la máscara como persona nos descubrirá de qué está hecha su propia mirada, de relación de relación, de relación de relación, y así sucesivamente lo aclara y confirma".


El Virgilio que el fotógrafo devela en Presión y Diamante, se nos muestra diverso y a la vez único, en un experimento perceptual que crea la sensación y a la vez la duda entre el estatismo de la fotografía y el movimiento del cine, como comentara a La Jiribilla Nelson Ramírez, curador de la exposición. Virgilio Piñera salido de la cámara de Chinolope, detenido y a la vez en movimiento, como escapando del retrato, atrapado en uno los muchos momentos del poeta.

jueves, 1 de enero de 2009

El Jardín

Un jardín me ha construido el sueño
para que en él yo sueñe la realidad;
allí los muertos, los vivos, los ausentes
conversan entre sí animadamente:
a mi difunta madre yo le he oído
quejarse de las frutas del mal año,
y decirle a mi padre que yo soy
un niño destrerrado de su amor.

De pronto ha aparecido Robespierre
sentado en su carreta del patíbulo
vendiendo una cabeza con gusanos
mientras grita: !Manzanas coloradas!
Mi padre pide una, y él le dice:
¿Cuál prefieres? ¿La de Dantón?
¿?La de María Antonieta?
Pero mi madre, viendo una cabeza
en donde por las cuencas de los ojos
asomaban dos uvas temblorosas,
la eligió, y Robespierre le dijo:
Es para mi un honor que usted me coma.

Lo que leí en los inciertos libros
ahora lo veo señaladamente:
Nerval se va a ahorcar en la Vieille Lanterne,
Zenea se dispone a ser fusilado,
Casal en su hemoptisis se consume,
y en Dos Ríos Martí la patria funda.

De Henry James los niños misteriosos
se acercan a su aya desencarnada
para confiarle que ellos están viendo
un hombre vivo en lo alto de la torre.
Sonriendo ella asiente y pone un dedo
sonbre sus labios como diciéndoles:
Todoe s posible en el reino de la muerte.

Aún no salido de mi asombro escucho
de Carlos Marx la voz tronitonante:
Aunque quieras los ángeles no existen.
Vas caminando por una estrella calle,
o por el ancho mar o el aire surcas
y no hay ángeles que choquen con tu vista;
sólo hay seres humanos y animales
que mueven como pueden su existencia.
Tu pensamiento debes concentrar en ellos,
en una esquina abandonar la fantasía,
dejarla ciega, que se estrelle sola,
y tú decir con convicción profunda:
Somos materialistas convencidos.

Ya no tienen cabida en este mundo
las locas invenciones de la mente,
las gorgonas se han ido para siempre,
en los océanos no hay buques fantasmas,
y aquel que caminó sobre las aguas
se ha perdido en el lago de los Quantas.

En el teatro de los idealistas,
Hegel (si lo pudieras ver), menos que ambiguo
está, olímpico, detrás de la cortina,
sentado entre la tesis y antítesis.
Ni hay público para escuchar su verbo:
toda la fenomenología del espíritu
es un sólido bloque de materia
contra el que la mónadas se estrellan.

Tú estás aquí, ene ste jardín,
estás bien muerto y, sin embargo,
oigo tu voz hablando de materia.
Y Marx contesta: No soy yo el que te habla,
eres tu el que sueña.
Estás vivo y estás soñando
que yo te hablo de la materia,
de la que tu sueño es una parte.

Dime, le imploro, ¿el que está muerto
en su hoyo es mecido por el sueño?
Yo he muerto, dice Marx, y tú aún eres
materia viviente. Hablo por tu mente,
y en nada soy mecido, al menos que tú digas
que yo me estoy meciendo.

Desde un púlpito con blancos espectrales
la voz de un sacerdote cae helada:
Los designios de Dios son insondables,
y aunque las naves viajen a la Luna
en tierra nos quedamos con el tiempo.
Sólo el espíritu puede redimirnos
de tal arena aciaga, y esta envoltura corporal
convertida en gusanos, y que surja
la eternidad empapándose en la Muerte.

Muy lindas tus palabras -dice Marx-,
pero las naves viajan a la Luna,
y en tú cabeza tus ángeles vuelan
como las moscas sobrfe el cadáver.
Enseña a tu rebaño que el poema,
en las casas mentales, siempre ocupa
un lugar irrisorio, y diles
que vivimos en un mundo
donde soñar es como estar ya muertos.

1965

Tomado de La vida entera (1969)

domingo, 21 de diciembre de 2008

Aire Frío

No hay obra como esta en el teatro cubano, ni habrá por mucho tiempo.

viernes, 19 de diciembre de 2008

Cátedra se acuerda de mi



Cuentos fríos/ El que vino a salvarme
Edición de Vicente Cervera y Mercedes Serna
Cátedra, Letras Hispánicas, 2008

sábado, 8 de noviembre de 2008

Dos poetas, dos poemas, dos modos de poesía

En Espuela de Plata, La Habana, Agosto, 1941.

Los poetas son José Lezama Lima; Emilio Ballagas. Los poemas: Muerte de Narciso y Elegía sin nombre...

... Ballagas provoca el cuerpo emocional dentro de la atmósfera patética que presenta el tema del amor y el de la muerte aflictiva, congojosamente. Ya queda dicho en otra parte que toda su obra es un responso perpetuo; "una oscura mitad que se acostumbra"...con su circunstancia. (17)

Nunca será bastante afirmar que Ballagas dispone sus palabras en un horizonte que no es el de la imagen como cuerpo sensible que impresione toda la vida del poema; en su poesía la imagen funciona aisladamente: precioso auxiliar cuya misión es ventilar su enrarecido mundo patético: "es una gran tristeza de rfemos mutilados, de carbón y cenizas sobre alas derrotadas"... cierra así una gran claúsula patética de su Elegía. (17-18).

Mientras, Ballagas que sabe sutilmente del peligro de lo idéntico, ha intentado abrir "las valvas de una concha amorosa que defiende su misterio, su carne, su secreto"... para ventilar con otras misteriosas, secretas palabras su enrarecido mundo patético. Después de Nocturno y Elegía -cristalización y saturación de su poesía- escribe Nocturno (su último poema) que inicia la apertura de las cerradas valvas. Allí (...) para probar hasta qué punto el problema de la redención, de la reovación inquieta al poeta se emplean sustantivos de nueva factura: paraguas, esqueletos, ice-bergs, murciélagos, silla rota, todos ellos contenidos en el breve espacio de treinta y seis versos. Nuevos motivos, nuevos temas; cierto ocultamiento del posesivo individual son preciosas señales de segura vena parfa el definitivo destino de su poesía (19).