sábado, 12 de abril de 2008

Gracias Manuel


Este artículo-memoria lo publiqué en La Gaceta de Cuba, Nº 2, La Habana, 1 de mayo de 1962.

Notas sobre la vieja y la nueva generación (1)

Notas sobre la vieja y la nueva generación (2)

Esta fue una crónica salió en la revista Ciclón, vol. 4, Nº 1, La Habana, 1959.

La inundación 1 y 2

Respuesta de Manuel a un comentario donde me acusan de chicharrón

sábado, 5 de abril de 2008

Tarde, pero seguro

Reseña de Tania Cordero

domingo, 30 de marzo de 2008

El pensamiento cautivo

El objeto de su libro (El pensamiento cautivo, de Milosz) es el "terror rojo": terror que actúa en los cuerpos, en las almas, en las ideas, hasta en la tumba misma.
No es el caso hablar ahora de si Milosz tiene razón, si los comunistas mismos la tienen o no la tienen; todo esto es accesorio. Hay un hecho irrefutable: de la primera a la última página de este libro se encara a los hombres, no en función de la vida, sino en función de la muerte. ¿Qué importa que la explicación última de esos actos crueles sea el nacimiento de un mundo mejor, o que los rusos justifiquen sus actos con su famoso lema: "Quien no está con nosotros está contra nosotros"? Nada de eso tiene mayor importancia frente al hecho comprobado de "una voluntad de matar". Parece que al hombre le resulta más provechoso matar al prójimo que convivir con él, y también parecerá que a medida que este hombre progresa en el curso de la historia dicha voluntad de matar se hiciera más imperiosa, más fácil, y !que horror!, más mecánica (...)

Fragmento de la reseña publicada en la revista Ciclón, Julio, 1956.

sábado, 29 de marzo de 2008

domingo, 2 de marzo de 2008

En la biblioteca

Para Antón Arrufat

Perdido todo,
le quedaron los libros.
Cerrados, semejan ataúdes,
y abiertos, cunas propicias.
En esos libros
-que siempre lee como empezándolos-
los fantasmas que los habitan
le dicen que están vivos,
y que si quiere vivir de tal modo,
aparentemente fantasmal,
se deslice raudo entre sus páginas,
elija un capítulo, repose
de todo cuidado humano
-incluso de la esperanza-,
y verá por ejemplo
que ya no está leyendo el que leía,
verá tan sólo una apariencia de lector,
que insistente le pide descifrar
enigmas nunca aclarados.
Pero ya es tarde
para el de afuera,
y el que está adentro ya no puede hablar.
Detenido en su página, sentado
en su capítulo, es un inmortal.

1972

domingo, 17 de febrero de 2008

Secreto del espía

Furioso el espía recorre su salón
amargamente ataviado con vestiduras reales,
el espía divirtiendo sus inmutables bocas
con todos los secretos del general en jefe.

Su salón proyectado en zigzag el espía recorre
inúltilmente, traicionando al Estado Mayor,
que en las mañanas con olor a oficina
se aburre pinchando la nuca del ujier.

Portador de un secreto, su salón el espía devora.
Una rara invención del espía de turno
en la brumosa orilla del oridor escarlata.

Ahora da dos palmadas y aparece un criado,
un criado que lleva en su frente una cripta.
El espía lo mira fijamente y solloza,
el criado lo reclina en un lecho de ágata,
y el secreto se propala por las últimas cámaras.
Todo el pueblo se agolpa para ver al espía
creador de un secreto no confiado a sus jefes;
el pueblo lo conmina: revela tu invención
para que todos puedan tocar la misma puerta.

El espía su boca profesional entreabre con fastidio,
su invención impecable ya puede propalar,
pero he ahí que el jefe, terriblemente irónico,
un pañuelo cifrado en su boca introduce,
y el espía es fusilado con todas las formalidades.

1945

viernes, 8 de febrero de 2008

En el duro

Ayer yo estaba solito
en la Avenida del puerto,
pensando en mi madre muerta
y pensando en los deseos.

Como un plato estaba el mar,
pero yo estaba moviéndome.
Es una cosa muy seria
que el mundo tanto se mueva.

Un hombre se me acercó
con una cara habanera,
de esas que La Habana misma
no le regala a cualquiera.

Se fue encogiendo de hombros,
la mirada se hizo niebla,
la boca se le contrajo
y así habló de esta manera:

Mi socio, no sé lo que está pasando,
pero yo sé lo que pienso:
este mundo está en el duro
y ojalá se nos deshiele;

porque de no ser así,
nos matará la dureza;
ya las palabras son balas
y las miradas hogueras.

¿No le parece, mi socio?
- me dijo y me tocó el pecho;
yo lloraba como un niño,
y el mar se fue endureciendo.


1962